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COLABORADORES / JOAN SUÁREZ

 ReVista OjOs.com   OCTUBRE DE 2017

Joan Suárez

Miedo a sí mismo

 

 

A veces por ignorancia hasta se vuelve un demonio.

Usted está dormido.

 



En el frenesí del consumo de marcas, la ingesta de embutidos en códigos de barras y de medición calórica, cuerpos estereotipados y con esteroides, la concentración de espectáculos en masas y de galpón, somos un adminículo en los rizomas invisibles de la alienación y la corrupción de la conducta. Aquel estado de seguridad y bienestar social se derrumban en el liberalismo de las individualidades del hombre contemporáneo, el leviatán no solo se unta de metal, sino que se devuelve contra nosotros mismos.

 

Ya dejamos de ser un lobo para el hombre, para convertirnos en carroñeros de nuestra propia singularidad. Y en esta estructura se construye El discípulo (2016), con una dirección limpia, una fotografía sobria, unos encuadres exquisitos para potenciar el clímax y un guion (forzado) que nos hace recordar la antítesis de Aldous Huxley, el mundo se estaba volviendo apocalíptico, así que la población mundial dijo al unísono: "¡No podemos más! ¡Por favor, quítennos todas nuestras libertades y la individualidad en nombre de la estabilidad universal!" A lo que los poderes de turno respondieron: «De acuerdo».

 

Por eso, Robert Desnos Veniamin, el protagonista de este relato y de quien desconocemos el artífice o mentor de  sus prácticas, es víctima de esa misteriosa mística que lo invade de forma obsesiva, peligrosa y compulsiva, tal vez por un problema al descubrimiento del universo confuso y polémico como lo es la sexualidad. No en vano uno de los momentos memorables es la discusión y persecución que se da en la casa, el salón de clase con el ir y venir entre la profesora progresista, las rectoras hipócritas, sus compañeros de pupitre y las afirmaciones en torno a la diversidad sexual, la reproducción, la evolución, el surgimiento del universo y el rigor científico. Acompañado de una cámara que envuelve al espectador en una hipnosis de citas bíblicas que aparecen como hipertexto en la pantalla.

 

Si bien el estandarte mundial apela por la felicidad y menos tristeza, lo cierto es que ya dudamos de la familia y el amor ocupa el apelativo de una cosa. En estos tiempos de frivolidad, el único pecado sería que la razón se imponga sobre el consumo y querer ser libre y diferente se celebre con un nivel de consciencia y no de fanatismo pueril con el que pretende Robert en sus intentos.

 

Es este tipo de comportamientos, que se convierten en postre y de alabanza de seguidores para la ignorancia, que con tan solo una llamada ejercen el poder en medio de la antiética del espacio para destruir al otro en busca de sus fines, tal cual lo hace el protagonista. De ahí sus enfrentamientos con su mamá, su profesora, su aspirante a discípulo, el sacerdote y quienes estén a su alrededor. Pero en una esfera global es la cadena invisible entre el Estado, la sociedad y la religión, paradójicamente en pleno siglo XXI.

 

Sin duda, el discurso de la película es político, contestatario y ambiguo, en un instante de fervor fundamentalista, en el que tiembla la veracidad de tantos mitos que ya no soportan la indagación de la ciencia, pero somos frágiles y la gran mayoría necesita cadenas a que aferrarse o atarse. Hay que tener claro el valor de la diversidad, de la libertad, del nadar contra el montón y de seguir anhelando que las utopías son más posibles, en comparación a los ídolos salvadores y redentores como el ingenuo de Veniamin, como lo decía el gran timonel mientras exista una sola chispa que pueda incendiar la pradera y no pretender volver a tiempos de ceguera y escafandra. Aunque a veces hay que evocar la metáfora mental del péndulo.

 

Cabe mencionar que el director, Kirill Serebrennikov, está en una polémica por malversación de fondos públicos, según dicen, por ser crítico con el gobierno de Vladimir Putin y por cuestionar a través de sus manifestaciones artísticas, el teatro y el cine, las influencias de la Iglesia Ortodoxa en su país. Ha dicho además que la religión es manipuladora y alienante, por eso se ve reflejado algunas de sus posturas políticas por medio de la maestra ante el poder eclesiástico.

 

 

The Student (M)uchenik

Dir. Kirill Serebrennikov

Rusia. 118 min

Joan Suárez


(Colombia, 1988). Nació en Medellín por las mismas calles de narcotraficantes, pistoleros y políticos. Es antioqueño como Débora Arango, Porfirio Barba Jacob, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo Augusto Rendón, Fernando Botero, Fernando Vallejo, Fernando González, Gonzalo Arango, Germán Londoño y muchos más que le han dado más gloria a Colombia que las bandas criminales infiltradas en los poderes políticos, judiciales, legisladores  y empresariales.

Egresado en Regencia de Farmacia de la Universidad de Antioquia.  “Allí aprendí de papas bomba, reacciones químicas caa pldoras abortivas [diría Don Ordoñez], conocí la flora y fauna de varias vaginas en el quirófano de obstetricia y ginecología en mi práctica académica. Actualmente tengo 24 años y vivo el presente con lo que se me presenta. Un hombre cuasi virgen para la sociedad colombiana”. Su espíritu investigativo, analítico y su talento para expresar con palabras e ideas esta realidad apestosa lo respaldan para convertirse en un colaborador de la revista de la libertad y el desorden donde no hay censura y se exalta la belleza y el talento.

Estudiante de la Escuela de crítica de cine, un proyecto de formación de Cinéfagos.net y la Revista Kinetoscopio, con el respaldo de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia.

Uno de los objetivos es elaborar textos producto del proceso de formación para ser publicados en diferentes medios, especialmente en el blog Cinéfagos de El Colombiano y en la revista

Kinetoscopio. De esta manera, encontrarán algunas veces también ejercicios de escritura en este portal. http://bit.ly/2shSZlj

Pyotr Skvortsov sobre la mesa y Viktoriya Isakova de pie.

Fotograma del filme. Pyotr Skvortsov

 

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