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 ReVista OjOs.com    AGOSTO  DE 2017

COLABORADORES / FERNANDO MALDONADO

Fernando Maldonado, ReVista OjOs.com

Foto: Sergio Trujillo Béjar

El espacio secreto



La casa estaba en silencio, nos encontrábamos a la entrada de una de las habitaciones del segundo piso y era de noche de modo que la penumbra producida por las luces del corredor cercano llegaba hasta nosotros. Favorecidos por la gruesa alfombra, nuestros pasos no se escuchaban y podíamos estar seguros de algo; caminar rápido o correr no sería un problema en caso de tener que escabullirnos. Mi primo me había guiado hasta allí con la promesa de mostrarme una foto excepcional. Algo que para nuestra edad, cercana a los diez años por aquellos días, sería una suerte de maravilloso descubrimiento y nos daría cierta superioridad viril sobre nuestros ingenuos amigos. Nos acercamos al guardarropa y mi primo abrió con mucho cuidado uno de los cajones. Hablando en voz baja me dijo que la foto debía estar al fondo debajo de las camisetas y los calcetines de su hermano mayor. Buscó de un lado a otro; creo recordar que tuvo que abrir otro cajón hasta que vimos un gran trozo de papel doblado, como un afiche de tienda de discos. Estaba al fondo tocando la madera del cajón. Mi primo emocionado como yo, comenzó a desdoblar la hoja en una maniobra cuidadosa tratando de no delatarnos por el sonido del papel al perder sus pliegues. Poco a poco mientras nuestros oídos se afinaban para captar indicios de movimiento en el piso de abajo o en la escalera, comenzábamos a ver la imagen completa de diecinueve mujeres desnudas reunidas en una sola composición, algunas de ellas posando con fotos del célebre guitarrista Jimmy Hendrix. Rubias morenas, trigueñas, negras miraban a la cámara con diversas expresiones. Aquella imagen resultaba sorprendente para nosotros, neófitos y bisoños integrantes del género masculino. Un fascinante panorama del deseo encarnado en los cuerpos de las modelos y la promesa de un camino muy largo poblado de experiencias que estábamos dispuestos a emprender. Nuestra fascinación por el universo femenino era una confusa combinación de juvenil pasión e instintiva reafirmación de principios. Por elemental que parezca, nos sentíamos como un par de iniciados en el mundo adulto. Ya comenzábamos a integrar la legión de hombres jóvenes dispuestos al amor si bien, para ninguno de los dos estaba muy claro cómo era ese asunto. Cuando se tienen diez o doce años de edad, una diferencia de tres o cuatro años es muy importante. El dueño exclusivo de la foto, mi primo Carlos, no tendría más de quince por aquellos días y sin embargo para nosotros era todo un veterano. El haber logrado ver su tesoro oculto en el fondo del cajón, era un privilegio concedido por su hermano menor y la tensión del momento no se debía a la posibilidad de que él nos sorprendiera si no a que lo hiciera su mamá, mi tía Marina. Fue una suerte que la penumbra arrojara luz suficiente para ver el afiche. No podíamos encender el bombillo de la habitación porque nos arriesgábamos a ser descubiertos. La experiencia visual tardó sólo unos segundos pero se fijó en nosotros atravesando nuestras pupilas dilatadas. Con ademanes presurosos mi primo dobló de nuevo la imagen y la acomodó bajo la ropa del cajón. Con aire de inocencia bajamos la escalera; un descenso simbólico de las alturas sensoriales porque a partir de allí sentí que ya no iba a ser el mismo niño de antes.

 

Décadas después cuando muchas cosas habían pasado y había encontrado un camino interior en el arte, recordé los eventos de ese día agradeciendo a mi primo y pensando que quienes habían creado el afiche eran precursores de una visión múltiple. Por una parte, las mujeres como seres bellos y deseables, ¡oh si! Pero de otro lado nos recordaban un contexto sensible mucho más complejo en el cual el arte, en este caso la música, inducía una dimensión paralela. La foto de las mujeres desnudas terminó censurada en aquella época y fue carátula del álbum Electric Ladyland en 1968 sólo en Inglaterra. Para Estados Unidos circuló otra carátula y hoy es una rareza encontrar una edición con la foto del grupo de mujeres. Después supe que la imagen no era lo que Hendrix quería y había planeado para este álbum, y manifestó su desagrado. Hoy sabemos que el fotógrafo estadounidense David Montgomery fue el artífice de esta pieza de culto, para lo cual reunió a las diecinueve mujeres en su estudio. Ninguna era modelo profesional y trabajaban en diversos bares de Londres. Se sabe que les pagaron cinco libras esterlinas por posar más un abono si se quitaban los panties. No estaban maquilladas ni peinadas para la toma de modo que son lo opuesto al concepto de desnudo comercial de revistas como Playboy o Penthouse. En mi recuerdo lo que vi con mi primo no fue una carátula de disco por lo que la imagen debió salir en formato afiche como parte de la campaña promocional del álbum. Más de cuatro décadas después la filigrana que tejemos cada día con nuestro tiempo, daría lugar a una amistad sincera y singular con Fernando Guinard y Emilce Rivera, los incansables gestores de la revista digital OjOs.com .Un día vino del recuerdo esta breve historia del lejano contacto con una de las primeras imágenes de desnudo femenino que tuve en mi vida gracias al afiche del álbum de Hendrixy pensé que la ReVista de mis amigos, configura esa combinación sensorial e intelectual que emula la misma atmósfera de aquellos días de infancia. Algo había tomado forma en nuestro interior por una simple foto. La imagen y su poder de encantamiento ha seguido su curso en la historia personal de cada adulto. Tal vez al ver estas frases muchos lectores pensarán en ese primer momento de “iniciación” y las circunstancias en que se presentó. Ese momento siempre está latente en esta publicación. No se trata de ver sus páginas como un voyerista primitivo; se trata de cruzar en la mente y los sentidos, una experiencia múltiple que compromete todo lo que creemos ser con todo lo que nos atrae y nos repele. Hay tantas fotografías de cuerpos femeninos o de cuerpos humanos circulando por el mundo que es risible pensar en dos niños tratando de ver a hurtadillas un afiche con mujeres desnudas si por lo demás, para los estándares bizarros de hoy, ver esta antigua foto sería tan natural o anodino como ver un bello atardecer. Así crecimos nosotros, los que pertenecemos a las generaciones del siglo XX en su etapa media y hemos sufrido y vivido todos los saltos de la posmodernidad. Algunas esencias se conservan y lo que cambia es el empaque. Si antes luchábamos por coleccionar revistas impresas hoy podemos verlas en la red mundial. La diferencia de medios no implica mejoras de contenido si quienes lideran la información continúan adormecidos por el sistema. OjOs.com es un buen ejemplo del esfuerzo por conservar la independencia para decir y mostrar lo que incomoda o deleita con igual importancia. En varios sentidos una postura estética configura a la vez, una postura política. Aún sigo deseando verla impresa por un atavismo que se explica, si pensamos en que hace tan solo treinta años toda revista se materializaba en tinta sobre papel. De otro lado, la red ha permitido desarrollar un sentido de independencia que nadie imaginaba. No será por mucho tiempo, supongo, porque el policía mundial siempre anda rondando y tarde o temprano terminará por controlar cada dato sospechoso que circule por allí. Ya no podremos buscar fotos ocultas en el fondo de los cajones sin que todos se enteren de nuestro espacio secreto pero, por suerte OjOs.com cumple seis años arrojando luz a nuestra penumbra interior. Que sean muchos más porque entre otras cosas, mi primo ya no me puede ayudar.

Fernando Maldonado

(Colombia, 1962). Pintor, dibujante, ilustrador, caricaturista.

Estudió en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano de la cual egresó con honores. Le fue concedido el premio Jorge Tadeo Lozano por su extraordinario rendimiento académico. Su obra ha sido expuesta en importantes galerías y ha

representado a Colombia en la Bienal Internacional de

Pintura de Cuenca, Ecuador, y en el Salón Comparaissons

realizado en el Grand Palais de París en 2007 y 2008. Su obra erótica se caracteriza por la representación de escenas en mundos paralelos donde resalta el enigma y la atmósfera pictórica. Su pintura es una negación de los parámetros que tratan de imponerle. De hecho, seguir pintando es una rebelión pasiva. No cree en absoluto en ideas como la redención de las sociedades por el arte, ni mucho menos la ficción del artista como sacerdote o como ser superior inmerso en una actividad excepcional. Nada puede escapar de la inevitable y soterrada intención oportunista del arte y su quehacer social.

 

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