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COLABORADORES / DANIEL DE CULLÁ

 ReVista OjOs.com   AGOSTO DE 2017

Daniel de Cullá

 

OjOs

 

Yo no quería salir del vientre materno y, cuando me obligaron a asomar el cabezón, me volví a la seta mágica de mamá, pues escuché fuera que: “este mundo es una puta mierda, donde triunfa el embuste y la patraña de la religión; el crimen, robo y represión del estado”.

 

Que ajustito estaba yo en su vientre alimentándome de calostros cuando una espina perfumada le entraba a la seta de mamá en la postura Yoga, o más bien Polla, haciendo en un solo cuerpo un solo sexo que me cerraba los

OjOs al cerrar la seta sus labios.

 

Yo le oía decir a mamá: “Tantra lucha, tanto sacrificio, para que la divina Lujuria se venga a hacer una caca, sin magnetismo alguno, si acaso esa sonrisa que nos produce Eros en cuclillas y cagando en mitad del campo. ¡Estoy harta de que me jodan!”

 

Pero al fin y al cabo, a mi pesar,  tuve que salir de esta mágica seta ayudado por la habilidad de unas manos de comadrona que la estuvo besando a ella, mi mamá, mientras yo asomaba la gaita. Mientras, algunos familiares y amigos, ninguno especializado en partos, opinaban y opinaban como sandalios y zoquetes.

 

A mi pesar, como digo, asomé la gaita, y lo primero que vi fue un grajo con alza cuellos a quien todos besaron la  mano, como quien acaricia el rabo del perro. Las mujeres se movían delante de él como si tuvieran todas la menstruación; los hombres recibían de él mensajes eróticos, pues veían como se le elevaba la sotana, poniéndose en punta, como el palo que vio Aldous Huxley en su Island, que él llamó Pala, y lo colocó en un altar llamado Tantra Yoga rodeado  de cirios y lamparillas hechos de sexo y droga.

 

Siempre he tenido en mi mente la seta mágica de mamá. Una hermanita mía, que era bella como una rosa, le llamaba Mokaka, pues jugaba con la suya, tan infantil, y se frotaba los dedos con ese mucus virginal que para ella era Utopía, pues soñaba, por culpa de los tebeos y cuentos de príncipes y princesas, que un día alcanzaría uno viéndole venir hacia su seta.

 

Esto, hasta que un día, en el coro de la parroquia, el padre director, que tenía costumbre de tocarle a las niñas el Chumino antes de comenzar, como quien prueba antes el pito de la nota musical, le abrió sus OjOs a la perversión, al oírle decir excitado:

 

-¡Ay, tantra yoga, tanto Chumino, tanta polla!

 

-A mí, recuerda mi hermanita, me dejó frío el Chichi, produciéndome una genital, y genial, neurosis de por vida. Es que me come, como me comió el coco, el recuerdo de unos dedos rozando y abriendo mi Chumino, como hacen los teólogos con sus libros sacros.

 

Os digo lo que vi en la Vida: Comerciantes y parlanchines había en las calles y en los templos, parecidos a los del Rastro madrileño; todos hablando embustes y mentiras para embaucar a majaderos  con su filosofía de religión pragmática y operacional.

 

La filosofía y psicología del Rastro tiene un resultado transcendental. El hombre ha sido creado para joder a sus semejantes y joder la Tierra, y el Universo si se pone a tiro.

 

No hay salvación, no hay ningún camino. Tan sólo se eleva a las alturas aquel o aquella que se chupa su propio cipote yógico, lógico, o Chumino a la importancia, tal cual perra o perro.

 

Polla Raja, Ganga Baba, siempre fue, y lo es,  mi diosa y mi musa. La seta mágica de mamá siempre fue para mí una obscena pagoda o un puto humilladero. Junto a ellos, los dioses, las rocas y los pájaros; los bichos y los insectos practican sexo en las más singulares posturas de la danza. Que esto lo saben los místicos y los yoguis, es una verdad de templo.

 

La jungla es un jardín. Los pinares son una seta. Los dos, tan obscenos en su sentido de rotación de Vida, Muerte, Vida.

 

“El mundo huele a Chumino o Ano Vaticanal”, esto nos dicen los puritanos, los fundamentalistas y Playboy. Por eso, caminamos por él rompiendo caminos, tronchando bichos, cual bobos de baba ansiosos de sexo, cual sea el sexo, no importa, de cualquier color, con una sola ilusión: destruir la Civilización durante el acto y estallar en un universal orgasmo.

 

Y, después, ¿qué? Pues, bien sencillo, llevar el hombre su rabo colgando entre las piernas, y las mujeres su cara sapo. ¡Y tener OjOs! Por si acaso.

Daniel de Cullá

(España, 1945). De origen castellano aragonés. Tras años de pobreza y soledad, muy joven, se fue a estudiar a los Seminarios de Segovia y Madrid.

Más tarde, cuando abandonó

los estudios de Magisterio y Filosofía y Letras viajó a Inglaterra, Países Bajos y Francia donde estudió las lenguas madres de los

países que visitó. En ese periplo trabajó como portero

nocturno en hoteles, tostador de pan y ayudante de  cocinero.

Poeta, escritor, ensayista, pintor y fotógrafo, es miembro

fundador de las revistas literarias Gallotricolor y Flash

Republicano. Su producción y publicaciones se han multiplicado sin cansancio. Figura destacada de la literatura universal, está

considerado como el gran poeta de Castilla. Su poesía es transparente y en ella

brillan ricas imágenes de corte surrealista.

Su tema favorito es el Amor. Su obra Las Bragas del Maromal fue llevada al teatro. Miembro de la Asociación Colegial de Escritores de España.

En la actualidad participa en espectáculos que funden

pintura, poesía, música y teatro.

Dirige la revista de Arte y Cultura ROBESPIERRE.

 

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